La economía española en aquel momento vivía un periodo de
crecimiento, lo que permitió que, esta vez sí, las aspiraciones de Justo
Yúfera pudieran encontrar su camino. Una de las claves del éxito de
Seur fue la incorporación de Ramón Mayo a la empresa. Este joven emprendedor se casó con Leonor Yúfera
(tienen dos hijos, Ignacio y Cristina) en 1971, momento en el que el
patriarca decide incluir a su yerno en la empresa. Con él surgió una
idea de éxito: abrir a mediodía, atrayendo a los pequeños comerciantes
que cerraban a la hora de comer. Fulminaron a la competencia.
La década de los 80 es la mejor para Seur. Comienza su expansión
nacional e internacional (cierra alianzas con empresas extranjeras) y se
convierte en una compañía de peso para la economía española. En la
misma década, en 1985, Leonor Yúfera se separa de su marido, quien se
aparta de la dirección de la entidad. Y ahora, décadas más tarde, la hija del fundador de Seur vive preocupada por su padre, a tenor de lo que cuenta el propio Yúfera.
"Quiere dirigirme, quiere mandar en mi vida, como si fuera mi madre,
pero yo no me dejo, la aparto, le digo: 'No me toques los cojones'".
Sorprende y se agradece hablar con alguien tan franco y
desacomplejado como el señor Yúfera (así le gusta que le llamen). Tras
una vida larga y llena de actividad, dice que le gustaría escribir su
biografía, pero que no sabe si le interesaría a alguien. "Además, el
sexo es muy importante en mi vida y todavía hay muchos maridos vivos",
dice con gracia. Es cierto que vive pendiente del sexo y el
amor, pero también lo es que ha trabajado mucho para poder permitirse
ese capricho ahora.
"Me gustaría mandar un mensaje a la juventud en estos tiempos de
desasosiego: yo fundé Seur con 40 años, después de pasarlo mal y
trabajar mucho, después de emigrar y sufrir. Se puede salir, se puede
lograr, lo jóvenes no deben desfallecer, tienen que luchar por sus
sueños, porque al final, todo se puede conseguir". Lo habíamos dicho: es
un chute de energía
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