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sábado, 16 de mayo de 2015

PUEBLO FANTASMA EN NEPAL

“Ya no queda nadie en Yarmasing”, confirma desde Katmandú Pablo Castro, de la oenegé Namlo Europa. El terremoto del 25 de abril destrozó la gran mayoría de las alrededor de 150 casas que salpican las colinas de este pueblo del distrito de Sindupalchok. El seísmo del 12 empujó a los vecinos que quedaban a marchar, aterrorizados por las réplicas y por la imposibilidad de recuperar su ritmo de vida en un entorno en ruinas. “Al menos hasta después de la temporada de lluvias (que se prevé que empiece en unas dos semanas) nadie piensa regresar a Yarmasing”, añade Castro.
Los habitantes de Yarmasing -no se dispone de una cifra precisa pero se calculan unos 700-, se han repartido en distintos destinos: unos fueron evacuados en helicóptero hasta Katmandú, otros marcharon andando a localidades cercanas, donde se han alojado con familiares o amigos, cuenta Magda Nos, la alpinista catalana que creó esta oenegé con el objetivo de construir escuelas y empoderar a las mujeres en enclaves de montaña.

El drama de Yarmasing lo están viviendo los vecinos de otras tantas localidades del distrito de Sindupalchok o del valle de Langtang, dos de las zonas más afectadas. “Hay más pueblos que han perdido el 90% de sus casas, algunos se reconstruirán en otros emplazamientos. También hay aldeas remotas donde todavía queda gente, comparten las pocas viviendas que siguen en pie, se juntan en cobertizos destinados al ganado… Lo que más nos preocupa es el cobijo cuando llegue del monzón; además, las carreteras volverán a quedar impracticables”, explica desde Katmandú Daniel Burgui, de Acción contra el Hambre
Un total de 494.717 casas de este país del Himalaya han quedado completamente destruidas y 267.2373 con daños, según datos del Gobierno de Nepal difundidos ayer por la OCHA, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU. La cifra de víctimas mortales se eleva a 8.631.
Las familias que se han quedado al raso han tenido que buscarse la vida, sea en campamentos improvisados o instalándose en viviendas de familiares o conocidos. “Ahora, el Gobierno nos ha cedido unos terrenos en Katmandú donde se podrán quedar el tiempo que sea necesario unas 300 personas de Yarmasing. Nosotros les proporcionamos las tiendas y la comida”, comenta Nos. “En cualquier solar vacío la gente pone lonas de plástico… No hay gestión alguna. Aquí, en Katmandú, los vecinos hacen vida normal, pero después del segundo terremoto muchos decidieron dormir en la calle por miedo. De día van al trabajo y de noche se quedan en la calle”, añade Burgui. Acción contra el Hambre ha puesto en marcha un programa de cash for work (dinero por trabajo) consistente en pagar a los afectados para que limpien los escombros y reconstruyan las infraestructuras dañadas; de esta manera agilizan la reconstrucción y obtienen recursos para comprar artículos de primera necesidad.
Las oenegés especializadas en educación calculan que unos 870.000 niños de entre tres y 18 años no podrán regresar a clase el próximo 31 de mayo, el día fijado por el Gobierno. Entre ellos está el centenar de escolares de Yarmasing, donde el primer terremoto también provocó importantes daños en su escuela. Los terremotos demolieron más de 25.000 clases y causaron desperfectos en 10.000. Mariana Palavra, de Unicef, concreta que se habilitarán tiendas que funcionarán como centros temporales de aprendizaje.

martes, 21 de abril de 2015

FRACKING


A finales del año 2013 y principios de 2014, cerca de 30 terremotos sacudieron las inmediaciones de la ciudad de Azle, en Texas (EEUU), donde nunca habían tenido relación alguna con los temblores de tierra. Los vecinos y algunos expertos se apresuraron a vincular aquellos movimientos con una técnica de inyección en el subsuelo del agua de desecho que genera la extracción de gas mediante el llamado 'fracking'. En aquel momento, la indignación ciudadana se manifestó durante días reclamando a la administración y a los reguladores que frenase las actividades industriales hasta que la ciencia se pronunciase al respecto. Y ahora lo ha hecho en una investigación recién publicada en la revista Nature Communications.

Un equipo de geólogos y sismólogos de la Universidad Southern Methodist de Dallas (Texas, EEUU) y del Servicio Geológico de EEUU (USGS, por sus siglas en inglés) demuestra en el trabajo que la inyección de grandes volúmenes de estas aguas residuales combinada con la extracción de salmuera del subsuelo en los pozos de gas agotados son la causa más probable de los 27 terremotos que sintió la población de Azle entre diciembre de 2013 y la primavera de 2014. Los temblores no superaron los 3,7 de magnitud máxima, la misma que tuvo el reciente movimiento de Urda en Toledo y que no causó daños.