La popularidad meteórica que ha adquirido la heroína en el portafolio de
negocios del narco mexicano en los últimos cinco años -desplazando a la
cocaína e incluso la marihuana- ya es motivo de alarma y atención en
Washington. Los patrones del tráfico de drogas están cambiando. "La DEA
reporta un incremento de 323% en decomisos de heroína en la frontera (con México) entre 2009 y 2013", advirtió el Departamento de Estado en marzo, en su informe anual de Control de Narcóticos.
A nivel de la calle, la organización Chicago Recovery Alliance es una de
las pocas que ha salido a tratar de enfrentar la epidemia de adictos y
sobredosis. Todos los días, camionetas de la agrupación recorren la
ciudad para repartir jeringuillas entre la comunidad de usuarios. La
idea es evitar que puedan contagiarse de enfermedades como sida o
hepatitis, o que terminen por desarrollar abscesos que les generen
gangrena. No solo eso. Desde hace un año, reparten otro medicamento:
naloxona, un compuesto que en caso de emergencia puede ser utilizado
para frenar una sobredosis en curso. "Te lo inyectas y tienes una
oportunidad de salvarte", recomienda Dan Bigg, uno de los activistas que
atienden a la enorme población de adictos, hombres y mujeres cuyo
dinero está engrosando las cuentas del narco mexicano. "Tenemos que
hacerlo nosotros. La comunidad está muy afectada y a las autoridades no les importa".
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viernes, 20 de marzo de 2015
YONKIS EN LAS CALLES
Después de unos minutos de calentarla en la llama abierta de un mechero,
la mezcla comienza a burbujear y los últimos rastros de polvo blanco se
disuelven por completo en el agua salina. Como un gato, John J. se
relame los labios y jala el émbolo de la jeringuilla. La aguja succiona
hambrientamente el revoltijo, muy parecido al café con leche.
La apariencia es lo último que importa a lo que queda de este hombre, a quien tampoco preocupa una hipotética escasez de heroína porque eso es algo que nunca, jamás, en absoluto, pasa, pese a la guerra, los policías y lo que dicen y hacen los gobiernos de Estados Unidos y México. Es decir, siempre hay droga que inyectarse y quien se la venda a él, que no es otra cosa más que el último eslabón en una cadena productiva que se inicia 3.500 kilómetros al sur, en la sierra guerrerense mexicana.
Gracias a la perspicacia empresarial con la que el cartel de Sinaloa y los Guerreros Unidos han logrado establecer una envidiable logística de producción-transporte-venta, Chicago y parte de Estados Unidos nadan hoy en heroína. La crisis es evidente tanto en los suburbios ricos como en las calles más bravas de la ciudad, en donde las jeringuillas usadas se acumulan a plena vista en los botes de basura municipal, sus agujas apuntando ominosamente al aire. En el lado oeste, la parte más peligrosa de la zona metropolitana, pareciera que hay un punto de venta en cada esquina. En el este, su parte más afluente, hay miles de consumidores.
La apariencia es lo último que importa a lo que queda de este hombre, a quien tampoco preocupa una hipotética escasez de heroína porque eso es algo que nunca, jamás, en absoluto, pasa, pese a la guerra, los policías y lo que dicen y hacen los gobiernos de Estados Unidos y México. Es decir, siempre hay droga que inyectarse y quien se la venda a él, que no es otra cosa más que el último eslabón en una cadena productiva que se inicia 3.500 kilómetros al sur, en la sierra guerrerense mexicana.
Gracias a la perspicacia empresarial con la que el cartel de Sinaloa y los Guerreros Unidos han logrado establecer una envidiable logística de producción-transporte-venta, Chicago y parte de Estados Unidos nadan hoy en heroína. La crisis es evidente tanto en los suburbios ricos como en las calles más bravas de la ciudad, en donde las jeringuillas usadas se acumulan a plena vista en los botes de basura municipal, sus agujas apuntando ominosamente al aire. En el lado oeste, la parte más peligrosa de la zona metropolitana, pareciera que hay un punto de venta en cada esquina. En el este, su parte más afluente, hay miles de consumidores.
LA MITAD DE HEROÍNA DE EEUU VIENE DE MÉXICO
Ayudados por una producción de amapola en México
que ha alcanzado niveles históricos, los cárteles mexicanos de la droga
se han adueñado en la última década del 50% del mercado de heroína en
Estados Unidos, un negocio que les reditúa potencialmente hasta 13.500 millones de dólares al año, según ha advertido la DEA (Administración Antidrogas de Estados Unidos).
Datos oficiales del Gobierno estadounidense arrojan una cifra significativa: ante el declive de sus competidores colombianos y la mayor agresividad de las organizaciones mexicanas, el cartel de Sinaloa, Guerreros Unidos, Jalisco Nueva Generación y los Zetas, entre otras agrupaciones, se están embolsando todos los años el equivalente a 206.000 millones de pesos (cerca de 12.500 millones de euros) solo por la venta y tráfico de heroína. Es casi tanto dinero como el que gastó México en educación en 2015 y más de tres veces el presupuesto de la Secretaría de Defensa Nacional.
"Los números más recientes nos decían que el 51% de la heroína que se consume en EEUU venía de Sudamérica, mientras que el otro 45% venía de México. Pero esos datos son de hace dos años. Ahora vemos que se han repartido 50 y 50%", dijo a Milenio/EL MUNDO Dennis Wichern, agente especial de la DEA a cargo de la división Chicago, una de las ciudades más golpeadas por el resurgimiento de esta droga.
Ese 5% no es poca cosa: cada punto porcentual ganado por los cárteles mexicanos representa miles de millones de dólares en ganancias, de acuerdo a estadísticas públicas. En su reporte "Lo que Gastan los Americanos en Drogas Ilegales 2000-2010", dado a conocer en febrero del año pasado, la Oficina Nacional de Política Antinarcóticos de la Casa Blanca (ONDCP) estimó que los estadounidenses destinan 27.000 millones de dólares a comprar heroína cada año. Kilo por kilo, es la droga más cara del planeta. Un gramo puro pueden alcanzar en la calle hasta 465 dólares.
En 2003, el 90% de toda la heroína decomisada venía de Colombia. Para 2012, esa cifra ya era del 55%. Para 2015, se cree que ya es el 50%, lo que deja el resto a la producida en México. "He escuchado a mucha gente decir que la heroína regresó. Más bien creo que nunca se fue", dijo el agente Wichern. Y es que si la crisis de la heroína que hoy vive Estados Unidos tiene un epicentro: Chicago. La ciudad de los vientos vive la peor epidemia de sobredosis en su historia y las organizaciones mexicanas han ayudado en buena medida a su expansión.
Datos oficiales del Gobierno estadounidense arrojan una cifra significativa: ante el declive de sus competidores colombianos y la mayor agresividad de las organizaciones mexicanas, el cartel de Sinaloa, Guerreros Unidos, Jalisco Nueva Generación y los Zetas, entre otras agrupaciones, se están embolsando todos los años el equivalente a 206.000 millones de pesos (cerca de 12.500 millones de euros) solo por la venta y tráfico de heroína. Es casi tanto dinero como el que gastó México en educación en 2015 y más de tres veces el presupuesto de la Secretaría de Defensa Nacional.
"Los números más recientes nos decían que el 51% de la heroína que se consume en EEUU venía de Sudamérica, mientras que el otro 45% venía de México. Pero esos datos son de hace dos años. Ahora vemos que se han repartido 50 y 50%", dijo a Milenio/EL MUNDO Dennis Wichern, agente especial de la DEA a cargo de la división Chicago, una de las ciudades más golpeadas por el resurgimiento de esta droga.
Ese 5% no es poca cosa: cada punto porcentual ganado por los cárteles mexicanos representa miles de millones de dólares en ganancias, de acuerdo a estadísticas públicas. En su reporte "Lo que Gastan los Americanos en Drogas Ilegales 2000-2010", dado a conocer en febrero del año pasado, la Oficina Nacional de Política Antinarcóticos de la Casa Blanca (ONDCP) estimó que los estadounidenses destinan 27.000 millones de dólares a comprar heroína cada año. Kilo por kilo, es la droga más cara del planeta. Un gramo puro pueden alcanzar en la calle hasta 465 dólares.
En 2003, el 90% de toda la heroína decomisada venía de Colombia. Para 2012, esa cifra ya era del 55%. Para 2015, se cree que ya es el 50%, lo que deja el resto a la producida en México. "He escuchado a mucha gente decir que la heroína regresó. Más bien creo que nunca se fue", dijo el agente Wichern. Y es que si la crisis de la heroína que hoy vive Estados Unidos tiene un epicentro: Chicago. La ciudad de los vientos vive la peor epidemia de sobredosis en su historia y las organizaciones mexicanas han ayudado en buena medida a su expansión.
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