“Ya no queda nadie en Yarmasing”, confirma desde Katmandú Pablo Castro, de la oenegé Namlo Europa. El terremoto del 25 de abril destrozó la gran mayoría de las alrededor de 150 casas que salpican las colinas de este pueblo del distrito de Sindupalchok. El seísmo del 12 empujó a los vecinos
que quedaban a marchar, aterrorizados por las réplicas y por la
imposibilidad de recuperar su ritmo de vida en un entorno en ruinas. “Al
menos hasta después de la temporada de lluvias (que se prevé que
empiece en unas dos semanas) nadie piensa regresar a Yarmasing”, añade
Castro.
Los habitantes de Yarmasing -no se dispone de una cifra
precisa pero se calculan unos 700-, se han repartido en distintos
destinos: unos fueron evacuados en helicóptero hasta Katmandú,
otros marcharon andando a localidades cercanas, donde se han alojado
con familiares o amigos, cuenta Magda Nos, la alpinista catalana que
creó esta oenegé con el objetivo de construir escuelas y empoderar a las
mujeres en enclaves de montaña.
sábado, 16 de mayo de 2015
viernes, 15 de mayo de 2015
MÁS DE 30 MUERTOS EN MÉXICO
Un ataque repelido por un convoy integrado por fuerzas militares y policiacas en México ha dejado, según las primeras informaciones, un saldo de, parece, al menos 30 muertos. Fuentes oficiales del Gobierno mexicano han informado que la agresión, en lo que parece una emboscada de miembros de grupos criminales, habría acabado con la muerte, aún indeterminada, de la mayoría de los civiles.
Algunas fuentes apuntaban en las primeras informaciones que había 20 asaltantes muertos por parte de los miembros de las fuerzas de seguridad y un policía federal también fallecido. Sin embargo, las últimas noticias hablan ya de 30 víctimas en el ataque. El Gobierno ha anunciado que ante la gravedad del suceso mandos del Ejército y la Policía se desplazan hacia la zona y parece que a las tres de la tarde, hora local, habrá un comunicado oficial.
El ataque se ha producido en el término municipal de Tanhuato, en el occidente de Michoacán y en los límites fronterizos con el estado de Jalisco. Con esta nueva matanza se engrosan unas semanas especialmente duras desde el punto de vista de la lucha contra los narcos. A las recientes matanzas y levantamientos de Jalisco, más las toma y desapariciones de Chilapa, viene a sumarse este nuevo y grave altercado.
domingo, 10 de mayo de 2015
LOS SUPERVIVIENTES
Mohamed Ekram es otro de los supervivientes de Khao Kheow. Le dejaron salir hace ocho meses al desatarse una enfermedad generalizada entre decenas de reos.
"Tuve que vender un anillo de oro para pagar el pasaje (desde Birmania)", recuerda en la aldea fronteriza donde permanece escondido. Huía como la mayoría de los Rohingyas de la represión. "Los budistas quemaron mi casa", añade.
Pensaba que escapando abandonaría la miseria. No tuvo tanta suerte. Menciona que pasó 12 días en un navío junto a 106 miembros de su comunidad. Sólo recibió comida la primera semana. Después, hambre.
"Nos desembarcaron en Phangnga. Nos detuvo la policía y nos llevó a Ranong. Allí nos 'vendieron' de nuevo a los traficantes por 10.000 bath (unos 268 euros). Nos trasladaron a un gran barco y nos llevaron hasta Satún. Tuvimos que andar un día a través de la selva hasta Padang Besar", rememora.
El chaval de 19 años coincidió con medio millar de prisioneros en Khao Kheow. Un nombre que vincula a toda clase de sufrimientos. Todavía muestra cicatrices en las piernas. Producto de las golpizas que sufrió.
"Estuve dos meses en el campo. No nos daban casi comida. Había mujeres, niños. Todos hacinados y sentados en las chozas. Vi morir a unas 20 personas. Vi como mataron a palos y puñetazos a uno de los presos porque su familia no podía pagar. Había unos 15 traficantes, varios con armas. Ayub, un negro, violó a una de las chicas".
Sentado en su despacho de Satún, el gobernador Dejrat Simsiri asevera que la presente acometida de Bangkok contra la trata esclavista acabará con ella.
Desde el 1 de mayo, las fuerzas de seguridad han 'descubierto' 74 campos de 'esclavos', han liberado a casi 300 rehenes y han detenido a 33 personas, incluido un conocido empresario y ex dirigente político de Satún, Pajjuban Angchotiphan -alias Ko Tong- al que los medios tailandeses presentan como el gran 'padrino' del tráfico de seres humanos.
"Le hemos confiscado un barco que usaba para trasladar a los Rohingyas y una lancha rápida", explica Simsiri.
¿CÓMO VIVÍAN?
El enclave de Khao Kheow se extiende por la falda de la colina.
Incluía cerca de 40 habitáculos. Algunos -los mayores- edificados como
si fueran 'jaulas' de bambú, que clausuraba una puerta del mismo
material. Los cautivos dormían sobre plásticos dispuestos sobre la
tierra.
El complejo debía de llevar mucho tiempo 'funcionando'. "Unos tres años", indica un habitante de Ban Taloh. Se nota en la perfecta organización del enclave. Hay 'escaleras' moldeadas sobre la tierra, bancos frente a las casamatas de los reos, tres pequeños depósitos de agua construidos con plásticos y estacas, una torreta de madera desde la que se podía vigilar todo el área, barracas habilitadas como cocinas y hasta lo que parece una 'zona noble', ubicada en la parte más elevada del montículo.
Allí se divisa una pequeña choza individual. Quizás la única del sitio. La más refinada de un destino vinculado al sufrimiento. Tenía incluso maceteros con plantas y un sofisticado asiento de bambú con motivos ornamentales.
Un pequeño poblado que los uniformados creen que podía albergar hasta 1.000 prisioneros.
El lugar está repleto de los enseres que abandonaron sus inquilinos en la apresurada huida. Hay hamacas colgadas en las cabañas -debían ser las que usaban los 'privilegiados', toallas secándose en pasamanos de bambú, platos y calderos apilados en la 'cocina'...
Los militares que irrumpieron en el lugar lo encontraron vacío.
El complejo debía de llevar mucho tiempo 'funcionando'. "Unos tres años", indica un habitante de Ban Taloh. Se nota en la perfecta organización del enclave. Hay 'escaleras' moldeadas sobre la tierra, bancos frente a las casamatas de los reos, tres pequeños depósitos de agua construidos con plásticos y estacas, una torreta de madera desde la que se podía vigilar todo el área, barracas habilitadas como cocinas y hasta lo que parece una 'zona noble', ubicada en la parte más elevada del montículo.
Allí se divisa una pequeña choza individual. Quizás la única del sitio. La más refinada de un destino vinculado al sufrimiento. Tenía incluso maceteros con plantas y un sofisticado asiento de bambú con motivos ornamentales.
Un pequeño poblado que los uniformados creen que podía albergar hasta 1.000 prisioneros.
El lugar está repleto de los enseres que abandonaron sus inquilinos en la apresurada huida. Hay hamacas colgadas en las cabañas -debían ser las que usaban los 'privilegiados', toallas secándose en pasamanos de bambú, platos y calderos apilados en la 'cocina'...
Los militares que irrumpieron en el lugar lo encontraron vacío.
LOS CAMPOS DE ESCLAVOS
El principal campo de 'esclavos' de Khao Kheow es un vasto villorrio
de bambú y plástico escondido en la jungla que separa Tailandia y
Malasia, no lejos de la citada Padang Besar.
Un destino al que sólo se puede llegar caminando desde el villorrio de Ban Taloh a través de recónditas veredas abiertas en su día a golpe de machete a través de la foresta. El calor tropical convierte la ascensión en una caminata extenuante.
Una penalidad añadida para las víctimas de la trata, que tenían que recorrer kilómetros y kilómetros de jungla desde la provincia costera de Satún, donde eran desembarcados por los nuevos navíos 'negreros'. Según uno de los militares que custodia ahora el campamento este era "el destino final: el mercado principal donde vendían a los Rohingyas. Hay otros muchos campos a lo largo de la ruta".
"Algunos tenían que caminar durante días. Lo sabíamos desde hace ocho años. Nadie hizo nada", explicó Abdul Kalam, un activista de la comunidad Rohingya de Birmania instalado en el sur de Tailandia desde hace décadas.
"Es cierto, los dejaban en la costa de Satún y los llevan hasta Padang Besar a través de la selva. Lo sabíamos desde hace un año, más o menos. Es difícil capturarlos porque caminan por las noches", admitió a este diario el gobernador de Satún, Dejrat Simsiri.
Un destino al que sólo se puede llegar caminando desde el villorrio de Ban Taloh a través de recónditas veredas abiertas en su día a golpe de machete a través de la foresta. El calor tropical convierte la ascensión en una caminata extenuante.
Una penalidad añadida para las víctimas de la trata, que tenían que recorrer kilómetros y kilómetros de jungla desde la provincia costera de Satún, donde eran desembarcados por los nuevos navíos 'negreros'. Según uno de los militares que custodia ahora el campamento este era "el destino final: el mercado principal donde vendían a los Rohingyas. Hay otros muchos campos a lo largo de la ruta".
"Algunos tenían que caminar durante días. Lo sabíamos desde hace ocho años. Nadie hizo nada", explicó Abdul Kalam, un activista de la comunidad Rohingya de Birmania instalado en el sur de Tailandia desde hace décadas.
"Es cierto, los dejaban en la costa de Satún y los llevan hasta Padang Besar a través de la selva. Lo sabíamos desde hace un año, más o menos. Es difícil capturarlos porque caminan por las noches", admitió a este diario el gobernador de Satún, Dejrat Simsiri.
EN LOS CAMPOS DE LA MUERTE
Tutansasa sigue siendo una pura piltrafa. Un cúmulo de huesos y
pellejo agrietado incapaz de incorporarse. Ni siquiera puede abrir las
manos. Tiene los dedos agarrotados. Tampoco dispone de fuerza para
levantar las piernas. El joven, de 28 años, respira con dificultad. "Lo
trajeron hace más de dos semanas con una desnutrición muy grave. Tardará
al menos seis meses en poder caminar", estima la doctora.
Una valoración optimista porque Mumramut, que descansa en la cama contigua, lleva casi un año postrado. La penuria que sufrió en los campos de Khao Kheow fue tal, que su organismo no ha conseguido recuperarse. Le cuesta hasta hablar. "No mejora", admite la especialista. La imagen de los dos pacientes -supervivientes ambos de estos centros de reclusión- sintetiza todo el tétrico simbolismo de Khao Kheow.
En África, la trata esclavista se asocia a nombres que todavía hoy evocan tragedia. Lugares como Goree, en Senegal, o el Castillo de Cabo Costa, en Ghana. El mismo que visitó Barack Obama en el 2009 para rendir homenaje a las víctimas de esa trata inhumana. "A veces toleramos la maldad", dijo el presidente de EEUU.
Eso es precisamente lo que ocurrió durante años con Khao Kheow, la cordillera que separa la provincia tailandesa de Songkhla de Malasia.
Ahora, la estremecedora realidad comienza a aflorar. Casi una veintena de residentes, víctimas, militares y funcionarios de Tailandia han reconocido a este periódico la existencia de un auténtico "mercado de seres humanos" en esta región selvática, cerca de la localidad de Pedang Besar.
Aquí, la mafia local disponía hasta hace pocas semanas de decenas de centros de reclusión -los "campos de la muerte", los bautizó la prensa local- donde mantenían como rehenes a Rohingyas y bangladesíes hasta que sus familias pagaban un 'rescate' para liberarlos. Un número indeterminado murió a causa de las privaciones o asesinados por los traficantes.
Tras años de permisividad, Bangkok lanzó una ofensiva contra este negocio ilegal el pasado día 1, desarticulando muchos de estos emplazamientos, pero provocando como efecto colateral que miles de víctimas de la trata quedaran atrapadas en alta mar.
Una valoración optimista porque Mumramut, que descansa en la cama contigua, lleva casi un año postrado. La penuria que sufrió en los campos de Khao Kheow fue tal, que su organismo no ha conseguido recuperarse. Le cuesta hasta hablar. "No mejora", admite la especialista. La imagen de los dos pacientes -supervivientes ambos de estos centros de reclusión- sintetiza todo el tétrico simbolismo de Khao Kheow.
En África, la trata esclavista se asocia a nombres que todavía hoy evocan tragedia. Lugares como Goree, en Senegal, o el Castillo de Cabo Costa, en Ghana. El mismo que visitó Barack Obama en el 2009 para rendir homenaje a las víctimas de esa trata inhumana. "A veces toleramos la maldad", dijo el presidente de EEUU.
Eso es precisamente lo que ocurrió durante años con Khao Kheow, la cordillera que separa la provincia tailandesa de Songkhla de Malasia.
Ahora, la estremecedora realidad comienza a aflorar. Casi una veintena de residentes, víctimas, militares y funcionarios de Tailandia han reconocido a este periódico la existencia de un auténtico "mercado de seres humanos" en esta región selvática, cerca de la localidad de Pedang Besar.
Aquí, la mafia local disponía hasta hace pocas semanas de decenas de centros de reclusión -los "campos de la muerte", los bautizó la prensa local- donde mantenían como rehenes a Rohingyas y bangladesíes hasta que sus familias pagaban un 'rescate' para liberarlos. Un número indeterminado murió a causa de las privaciones o asesinados por los traficantes.
Tras años de permisividad, Bangkok lanzó una ofensiva contra este negocio ilegal el pasado día 1, desarticulando muchos de estos emplazamientos, pero provocando como efecto colateral que miles de víctimas de la trata quedaran atrapadas en alta mar.
viernes, 8 de mayo de 2015
DESCIFRANDO EL EPIGENOMA
Cuando en 2001 se descifró el genoma parecía que todos los secretos que
explicaban el curso de la vida quedaban por fin al descubierto y con
ellos la posibilidad de entender e incluso alterar los procesos propios
de las enfermedades o el envejecimiento. Sin embargo el genoma no
respondió a todas las preguntas, era necesario ir más allá de la propia
secuencia genética para entender de verdad nuestro "libro de la vida". Navega por el gráfico para conocer en qué consiste el epigenoma.
Picha en el enlace:
http://www.elmundo.es/grafico/salud/2015/05/22/555f3cf7ca4741b9698b458c.html
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http://www.elmundo.es/grafico/salud/2015/05/22/555f3cf7ca4741b9698b458c.html
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