Rachel Farrokh tiene 37 años y pesa sólo 20 kilos. Esta mujer,
afectada por un severo desorden alimenticio, ha recurrido a internet
para pedir ayuda con el fin de salvar su vida. Según relata en un
dramático testimonio recogido en un vídeo de YouTube, Rachel espera conseguir los fondos necesarios para pagar un tratamiento.
Su campaña de auxilio, llamada "Rachel's Road to Recovery",
arrancó el pasado 29 de abril pero hasta ahora había pasado
desapercibida para la prensa, que hoy ya se hace eco de su historia en
Estados Unidos.
La mujer, Rachael Farrokh, es una actriz de San Clemente, en el sur de California, que asegura llevar luchando contra su anorexia una década
y que su enfermedad ha llegado a un punto crítico en el que, según
cuenta, su única posibilidad para seguir adelante es ingresar en un
centro de tratamiento al otro lado de Estados Unidos.
Farrokh mide 170 centímetros y pesa en torno a los 20 kilogramos y su marido Rod Edmondson, de 41 años, explica que ni los hospitales, ni las enfermeras domésticas, ni los terapeutas quieren atenderla porque dado lo delicado de su estado, si le pasara algo bajo su cuidado, temen que se les hagan responsables.
viernes, 22 de mayo de 2015
sábado, 16 de mayo de 2015
SAMSUNG Y SHERPA
Cuando en 2012 el emprendedor Xabi Uribe-Etxebarria empezó a desarrollar
Sherpa, se planteó una hoja de ruta con tres pasos. El primero, lograr
una aplicación competitiva a nivel internacional; el segundo, conseguir
una masa crítica de usuarios y el tercero, hacer negocio con ella. Con
la presentación de la nueva versión y el acuerdo con Samsung, está a
punto de completar las dos primeras fases.
Sherpa comenzó como un asistente por voz para Android que rivalizaba en eficacia tanto con el oficial de Google como con Siri, el equivalente de Apple. Su sistema de reconocimiento de voz funcionaba con rapidez y sin apenas equivocaciones. La actual versión supera con creces lo que ofrecía la primera. Para empezar, el nuevo diseño basado en tarjetas es más cómodo y fácil de utilizar y sigue siendo ligero; se ha profundizado en la cantidad, calidad y variedad de la información que es capaz de aportar, desde espectáculos, agenda cultural, deportes, restauración, climatología... Y, además, se ha convertido en predictiva; el asistente se adelanta a las necesidades del usuario basándose en sus gustos y actividades, preservando siempre esos datos del usuario conforme a las normas más estrictas de protección.
"El primer paso ya lo hemos conseguido. Tenemos una aplicación que puede competir con cualquiera", decía Xabi Uribe-Etxebarria. El segundo lo van a lograr de una tacada con el acuerdo alcanzado con Samsung. De momento, los Galaxy S6 y S6 Edge que se comercialicen en España a partir de finales del mes que viene, llevarán integrada la aplicación, pero en el plazo de un año esperan que esté preinstalada en todos los modelos de smartphone de la marca coreana, lo que supone alrededor del 40% del mercado móvil en nuestro país. Y España es el comienzo, porque se contempla extenderlo a Latinoamérica.
Sherpa comenzó como un asistente por voz para Android que rivalizaba en eficacia tanto con el oficial de Google como con Siri, el equivalente de Apple. Su sistema de reconocimiento de voz funcionaba con rapidez y sin apenas equivocaciones. La actual versión supera con creces lo que ofrecía la primera. Para empezar, el nuevo diseño basado en tarjetas es más cómodo y fácil de utilizar y sigue siendo ligero; se ha profundizado en la cantidad, calidad y variedad de la información que es capaz de aportar, desde espectáculos, agenda cultural, deportes, restauración, climatología... Y, además, se ha convertido en predictiva; el asistente se adelanta a las necesidades del usuario basándose en sus gustos y actividades, preservando siempre esos datos del usuario conforme a las normas más estrictas de protección.
"El primer paso ya lo hemos conseguido. Tenemos una aplicación que puede competir con cualquiera", decía Xabi Uribe-Etxebarria. El segundo lo van a lograr de una tacada con el acuerdo alcanzado con Samsung. De momento, los Galaxy S6 y S6 Edge que se comercialicen en España a partir de finales del mes que viene, llevarán integrada la aplicación, pero en el plazo de un año esperan que esté preinstalada en todos los modelos de smartphone de la marca coreana, lo que supone alrededor del 40% del mercado móvil en nuestro país. Y España es el comienzo, porque se contempla extenderlo a Latinoamérica.
PUEBLO FANTASMA EN NEPAL
“Ya no queda nadie en Yarmasing”, confirma desde Katmandú Pablo Castro, de la oenegé Namlo Europa. El terremoto del 25 de abril destrozó la gran mayoría de las alrededor de 150 casas que salpican las colinas de este pueblo del distrito de Sindupalchok. El seísmo del 12 empujó a los vecinos
que quedaban a marchar, aterrorizados por las réplicas y por la
imposibilidad de recuperar su ritmo de vida en un entorno en ruinas. “Al
menos hasta después de la temporada de lluvias (que se prevé que
empiece en unas dos semanas) nadie piensa regresar a Yarmasing”, añade
Castro.
Los habitantes de Yarmasing -no se dispone de una cifra precisa pero se calculan unos 700-, se han repartido en distintos destinos: unos fueron evacuados en helicóptero hasta Katmandú, otros marcharon andando a localidades cercanas, donde se han alojado con familiares o amigos, cuenta Magda Nos, la alpinista catalana que creó esta oenegé con el objetivo de construir escuelas y empoderar a las mujeres en enclaves de montaña.
El drama de Yarmasing lo están viviendo los vecinos de otras tantas localidades del distrito de Sindupalchok o del valle de Langtang, dos de las zonas más afectadas. “Hay más pueblos que han perdido el 90% de sus casas, algunos se reconstruirán en otros emplazamientos. También hay aldeas remotas donde todavía queda gente, comparten las pocas viviendas que siguen en pie, se juntan en cobertizos destinados al ganado… Lo que más nos preocupa es el cobijo cuando llegue del monzón; además, las carreteras volverán a quedar impracticables”, explica desde Katmandú Daniel Burgui, de Acción contra el Hambre
Un total de 494.717 casas de este país del Himalaya han quedado completamente destruidas y 267.2373 con daños, según datos del Gobierno de Nepal difundidos ayer por la OCHA, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU. La cifra de víctimas mortales se eleva a 8.631.
Las familias que se han quedado al raso han tenido que buscarse la vida, sea en campamentos improvisados o instalándose en viviendas de familiares o conocidos. “Ahora, el Gobierno nos ha cedido unos terrenos en Katmandú donde se podrán quedar el tiempo que sea necesario unas 300 personas de Yarmasing. Nosotros les proporcionamos las tiendas y la comida”, comenta Nos. “En cualquier solar vacío la gente pone lonas de plástico… No hay gestión alguna. Aquí, en Katmandú, los vecinos hacen vida normal, pero después del segundo terremoto muchos decidieron dormir en la calle por miedo. De día van al trabajo y de noche se quedan en la calle”, añade Burgui. Acción contra el Hambre ha puesto en marcha un programa de cash for work (dinero por trabajo) consistente en pagar a los afectados para que limpien los escombros y reconstruyan las infraestructuras dañadas; de esta manera agilizan la reconstrucción y obtienen recursos para comprar artículos de primera necesidad.
Las oenegés especializadas en educación calculan que unos 870.000 niños de entre tres y 18 años no podrán regresar a clase el próximo 31 de mayo, el día fijado por el Gobierno. Entre ellos está el centenar de escolares de Yarmasing, donde el primer terremoto también provocó importantes daños en su escuela. Los terremotos demolieron más de 25.000 clases y causaron desperfectos en 10.000. Mariana Palavra, de Unicef, concreta que se habilitarán tiendas que funcionarán como centros temporales de aprendizaje.
Los habitantes de Yarmasing -no se dispone de una cifra precisa pero se calculan unos 700-, se han repartido en distintos destinos: unos fueron evacuados en helicóptero hasta Katmandú, otros marcharon andando a localidades cercanas, donde se han alojado con familiares o amigos, cuenta Magda Nos, la alpinista catalana que creó esta oenegé con el objetivo de construir escuelas y empoderar a las mujeres en enclaves de montaña.
El drama de Yarmasing lo están viviendo los vecinos de otras tantas localidades del distrito de Sindupalchok o del valle de Langtang, dos de las zonas más afectadas. “Hay más pueblos que han perdido el 90% de sus casas, algunos se reconstruirán en otros emplazamientos. También hay aldeas remotas donde todavía queda gente, comparten las pocas viviendas que siguen en pie, se juntan en cobertizos destinados al ganado… Lo que más nos preocupa es el cobijo cuando llegue del monzón; además, las carreteras volverán a quedar impracticables”, explica desde Katmandú Daniel Burgui, de Acción contra el Hambre
Un total de 494.717 casas de este país del Himalaya han quedado completamente destruidas y 267.2373 con daños, según datos del Gobierno de Nepal difundidos ayer por la OCHA, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU. La cifra de víctimas mortales se eleva a 8.631.
Las familias que se han quedado al raso han tenido que buscarse la vida, sea en campamentos improvisados o instalándose en viviendas de familiares o conocidos. “Ahora, el Gobierno nos ha cedido unos terrenos en Katmandú donde se podrán quedar el tiempo que sea necesario unas 300 personas de Yarmasing. Nosotros les proporcionamos las tiendas y la comida”, comenta Nos. “En cualquier solar vacío la gente pone lonas de plástico… No hay gestión alguna. Aquí, en Katmandú, los vecinos hacen vida normal, pero después del segundo terremoto muchos decidieron dormir en la calle por miedo. De día van al trabajo y de noche se quedan en la calle”, añade Burgui. Acción contra el Hambre ha puesto en marcha un programa de cash for work (dinero por trabajo) consistente en pagar a los afectados para que limpien los escombros y reconstruyan las infraestructuras dañadas; de esta manera agilizan la reconstrucción y obtienen recursos para comprar artículos de primera necesidad.
Las oenegés especializadas en educación calculan que unos 870.000 niños de entre tres y 18 años no podrán regresar a clase el próximo 31 de mayo, el día fijado por el Gobierno. Entre ellos está el centenar de escolares de Yarmasing, donde el primer terremoto también provocó importantes daños en su escuela. Los terremotos demolieron más de 25.000 clases y causaron desperfectos en 10.000. Mariana Palavra, de Unicef, concreta que se habilitarán tiendas que funcionarán como centros temporales de aprendizaje.
viernes, 15 de mayo de 2015
MÁS DE 30 MUERTOS EN MÉXICO
Un ataque repelido por un convoy integrado por fuerzas militares y policiacas en México ha dejado, según las primeras informaciones, un saldo de, parece, al menos 30 muertos. Fuentes oficiales del Gobierno mexicano han informado que la agresión, en lo que parece una emboscada de miembros de grupos criminales, habría acabado con la muerte, aún indeterminada, de la mayoría de los civiles.
Algunas fuentes apuntaban en las primeras informaciones que había 20 asaltantes muertos por parte de los miembros de las fuerzas de seguridad y un policía federal también fallecido. Sin embargo, las últimas noticias hablan ya de 30 víctimas en el ataque. El Gobierno ha anunciado que ante la gravedad del suceso mandos del Ejército y la Policía se desplazan hacia la zona y parece que a las tres de la tarde, hora local, habrá un comunicado oficial.
El ataque se ha producido en el término municipal de Tanhuato, en el occidente de Michoacán y en los límites fronterizos con el estado de Jalisco. Con esta nueva matanza se engrosan unas semanas especialmente duras desde el punto de vista de la lucha contra los narcos. A las recientes matanzas y levantamientos de Jalisco, más las toma y desapariciones de Chilapa, viene a sumarse este nuevo y grave altercado.
domingo, 10 de mayo de 2015
LOS SUPERVIVIENTES
Mohamed Ekram es otro de los supervivientes de Khao Kheow. Le dejaron salir hace ocho meses al desatarse una enfermedad generalizada entre decenas de reos.
"Tuve que vender un anillo de oro para pagar el pasaje (desde Birmania)", recuerda en la aldea fronteriza donde permanece escondido. Huía como la mayoría de los Rohingyas de la represión. "Los budistas quemaron mi casa", añade.
Pensaba que escapando abandonaría la miseria. No tuvo tanta suerte. Menciona que pasó 12 días en un navío junto a 106 miembros de su comunidad. Sólo recibió comida la primera semana. Después, hambre.
"Nos desembarcaron en Phangnga. Nos detuvo la policía y nos llevó a Ranong. Allí nos 'vendieron' de nuevo a los traficantes por 10.000 bath (unos 268 euros). Nos trasladaron a un gran barco y nos llevaron hasta Satún. Tuvimos que andar un día a través de la selva hasta Padang Besar", rememora.
El chaval de 19 años coincidió con medio millar de prisioneros en Khao Kheow. Un nombre que vincula a toda clase de sufrimientos. Todavía muestra cicatrices en las piernas. Producto de las golpizas que sufrió.
"Estuve dos meses en el campo. No nos daban casi comida. Había mujeres, niños. Todos hacinados y sentados en las chozas. Vi morir a unas 20 personas. Vi como mataron a palos y puñetazos a uno de los presos porque su familia no podía pagar. Había unos 15 traficantes, varios con armas. Ayub, un negro, violó a una de las chicas".
Sentado en su despacho de Satún, el gobernador Dejrat Simsiri asevera que la presente acometida de Bangkok contra la trata esclavista acabará con ella.
Desde el 1 de mayo, las fuerzas de seguridad han 'descubierto' 74 campos de 'esclavos', han liberado a casi 300 rehenes y han detenido a 33 personas, incluido un conocido empresario y ex dirigente político de Satún, Pajjuban Angchotiphan -alias Ko Tong- al que los medios tailandeses presentan como el gran 'padrino' del tráfico de seres humanos.
"Le hemos confiscado un barco que usaba para trasladar a los Rohingyas y una lancha rápida", explica Simsiri.
¿CÓMO VIVÍAN?
El enclave de Khao Kheow se extiende por la falda de la colina.
Incluía cerca de 40 habitáculos. Algunos -los mayores- edificados como
si fueran 'jaulas' de bambú, que clausuraba una puerta del mismo
material. Los cautivos dormían sobre plásticos dispuestos sobre la
tierra.
El complejo debía de llevar mucho tiempo 'funcionando'. "Unos tres años", indica un habitante de Ban Taloh. Se nota en la perfecta organización del enclave. Hay 'escaleras' moldeadas sobre la tierra, bancos frente a las casamatas de los reos, tres pequeños depósitos de agua construidos con plásticos y estacas, una torreta de madera desde la que se podía vigilar todo el área, barracas habilitadas como cocinas y hasta lo que parece una 'zona noble', ubicada en la parte más elevada del montículo.
Allí se divisa una pequeña choza individual. Quizás la única del sitio. La más refinada de un destino vinculado al sufrimiento. Tenía incluso maceteros con plantas y un sofisticado asiento de bambú con motivos ornamentales.
Un pequeño poblado que los uniformados creen que podía albergar hasta 1.000 prisioneros.
El lugar está repleto de los enseres que abandonaron sus inquilinos en la apresurada huida. Hay hamacas colgadas en las cabañas -debían ser las que usaban los 'privilegiados', toallas secándose en pasamanos de bambú, platos y calderos apilados en la 'cocina'...
Los militares que irrumpieron en el lugar lo encontraron vacío.
El complejo debía de llevar mucho tiempo 'funcionando'. "Unos tres años", indica un habitante de Ban Taloh. Se nota en la perfecta organización del enclave. Hay 'escaleras' moldeadas sobre la tierra, bancos frente a las casamatas de los reos, tres pequeños depósitos de agua construidos con plásticos y estacas, una torreta de madera desde la que se podía vigilar todo el área, barracas habilitadas como cocinas y hasta lo que parece una 'zona noble', ubicada en la parte más elevada del montículo.
Allí se divisa una pequeña choza individual. Quizás la única del sitio. La más refinada de un destino vinculado al sufrimiento. Tenía incluso maceteros con plantas y un sofisticado asiento de bambú con motivos ornamentales.
Un pequeño poblado que los uniformados creen que podía albergar hasta 1.000 prisioneros.
El lugar está repleto de los enseres que abandonaron sus inquilinos en la apresurada huida. Hay hamacas colgadas en las cabañas -debían ser las que usaban los 'privilegiados', toallas secándose en pasamanos de bambú, platos y calderos apilados en la 'cocina'...
Los militares que irrumpieron en el lugar lo encontraron vacío.
LOS CAMPOS DE ESCLAVOS
El principal campo de 'esclavos' de Khao Kheow es un vasto villorrio
de bambú y plástico escondido en la jungla que separa Tailandia y
Malasia, no lejos de la citada Padang Besar.
Un destino al que sólo se puede llegar caminando desde el villorrio de Ban Taloh a través de recónditas veredas abiertas en su día a golpe de machete a través de la foresta. El calor tropical convierte la ascensión en una caminata extenuante.
Una penalidad añadida para las víctimas de la trata, que tenían que recorrer kilómetros y kilómetros de jungla desde la provincia costera de Satún, donde eran desembarcados por los nuevos navíos 'negreros'. Según uno de los militares que custodia ahora el campamento este era "el destino final: el mercado principal donde vendían a los Rohingyas. Hay otros muchos campos a lo largo de la ruta".
"Algunos tenían que caminar durante días. Lo sabíamos desde hace ocho años. Nadie hizo nada", explicó Abdul Kalam, un activista de la comunidad Rohingya de Birmania instalado en el sur de Tailandia desde hace décadas.
"Es cierto, los dejaban en la costa de Satún y los llevan hasta Padang Besar a través de la selva. Lo sabíamos desde hace un año, más o menos. Es difícil capturarlos porque caminan por las noches", admitió a este diario el gobernador de Satún, Dejrat Simsiri.
Un destino al que sólo se puede llegar caminando desde el villorrio de Ban Taloh a través de recónditas veredas abiertas en su día a golpe de machete a través de la foresta. El calor tropical convierte la ascensión en una caminata extenuante.
Una penalidad añadida para las víctimas de la trata, que tenían que recorrer kilómetros y kilómetros de jungla desde la provincia costera de Satún, donde eran desembarcados por los nuevos navíos 'negreros'. Según uno de los militares que custodia ahora el campamento este era "el destino final: el mercado principal donde vendían a los Rohingyas. Hay otros muchos campos a lo largo de la ruta".
"Algunos tenían que caminar durante días. Lo sabíamos desde hace ocho años. Nadie hizo nada", explicó Abdul Kalam, un activista de la comunidad Rohingya de Birmania instalado en el sur de Tailandia desde hace décadas.
"Es cierto, los dejaban en la costa de Satún y los llevan hasta Padang Besar a través de la selva. Lo sabíamos desde hace un año, más o menos. Es difícil capturarlos porque caminan por las noches", admitió a este diario el gobernador de Satún, Dejrat Simsiri.
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